dimecres, 22 de febrer de 2012

"Las cazas del hombre. El ser humano como presa de la Grecia de Aristóteles a la Italia de Berluscon." Grégoire Chamayou

La caza de los esclavos fugitivos, de los negros, de las brujas, de los indios, de los pobres, de los exiliados, de los judíos, de los sin papeles… La historia de las distintas cazas de hombres es un instrumento imprescindible para la lectura de la larga historia de la violencia ejercida por los opresores. Este tipo de caza no se resume en una técnica de persecución y captura: necesita de la creación de líneas de demarcación entre los seres humanos para saber quién puede ser cazado y quién no. A las presas no se les niega la pertenencia a la especie humana, simplemente no participan del mismo tipo de humanidad. Ahora bien, la relación de caza puede invertirse: cazadores y presas pertenecen a la misma especie y, por tanto, pueden intercambiarse.La caza del hombre se remonta a tiempos inmemoriales, pero se extiende y se racionaliza con la expansión del capitalismo. En Occidente, vastas cazas de pobres contribuyen a la formación de una masa de trabajadores asalariados y al aumento del poder de la policía, cuyas operaciones de caza se relacionan fundamentalmente con los mecanismos de internamiento. Estas nuevas formas de caza fueron manifestaciones espectaculares de lo que Marx llamó la fase de acumulación originaria del capital. El gran poder de caza, que lanza sus redes a niveles hasta ahora desconocidos en la historia de la humanidad, es el poder del capital.

Grégoire Chamayou es doctor en Filosofía e investigador en el Max-Plank-Institut de Berlín. Es autor igualmente de Les corps vils. Expérimenter sur les êtres humains aux XVIIIe et XIXe siècles (2008) y ha traducido numerosas obras filosóficas del alemán al francés. Chamayou publicó en 2012 el ensayo Las cazas del hombre, su primera obra publicada en castellano.
Grégoire Chamayou

INTRODUCCIÓN 
En Francia, en el siglo xv, en el parque de Amboise, se produjo una caza bastante peculiar. El rey Luis XI, a quien «complacieron con una horrible caza de hombres», se lanzó a perseguir a un condenado que se cubría con una «piel de ciervo recién abatido». Abandonado en la hacienda y recogido después por la jauría real, éste pereció «despedazado por los perros».
Escribir la historia de la caza del hombre es escribir un fragmento de la larga historia de la violencia de los dominantes. Es escribir la historia de las técnicas de depredación indispensables para instaurar y reproducir las relaciones de dominación.
La caza de hombres no se debe entender aquí como una metáfora. Alude a fenómenos históricos concretos en los que seres humanos fueron acosados, perseguidos, capturados o asesinados siguiendo métodos de caza. En la Antigüedad griega se construyeron teorías sobre estas prácticas regulares y, en ocasiones, masivas, antes de que llegaran a conocer su gran esplendor en la época moderna de forma contemporánea a un capitalismo transatlántico en expansión.
La caza se define como la «acción de cazar, de perseguir», aquello que «se dice particularmente de la persecución de animales». En francés, «cazar» significa también «echar a alguien de un lugar con fuerza, con violencia». Existe, por tanto, una caza que persigue y una caza que expulsa a las personas de un lugar. Una caza que captura y otra que excluye. Dos operaciones distintas pe-ro que pueden articularse de tal manera que se complementan: cazar hombres, perseguirlos, a menudo supone haberlos capturado, expulsado o excluido previamente de un orden común. Toda caza va acompañada de una teoría de la presa que dice por qué, en virtud de qué diferencia, de qué distinción, algunos pueden ser cazados y otros no. Por lo tanto, la historia de la caza del hombre se escribirá a partir de la historia de las técnicas de persecución y captura, pero también a través de la investigación de los procedimientos de exclusión, de las líneas divisorias trazadas en una comunidad humana para definir quién puede ser potencialmente cazado.

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