dimecres, 11 d’abril de 2012

¿POR QUÉ SER FELIZ CUANDO PUDES SER NORMAL?

¿Por qué ser feliz y cuando puedes ser normal? Es la historia de una niña adoptada en Manchester (Inglaterra) por una pareja de evangelistas pentecostales con pocos, muy pocos recursos económicos, y muchos, demasiados, prejuicios. Es la historia de una niña que literalmente se alimentaba de historias y buscaba obsesivamente el amor. Esta es una historia que Jeannette Winterson ha contado muchas veces, prácticamente tantas como libros ha publicado, pero nunca en forma de autobiografía como se ha atrevido ahora con ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?
Ya lo dejó escrito en el comienzo de La niña del faro: "Vivía en una casa sobre la pendiente del acantilado (...) Hay quien se cría en una colina y hay quien se cría en el valle. La mayoría lo hace en el llano. Yo vine a la vida inclinada, y así es como he vivido desde entonces". Uno de sus personajes de La pasión aseguraba que: "las historias eran lo único que teníamos". También en La niña del faro su protagonista decía: "Esto no es una historia de amor, aunque el amor esté presente en ella. Es decir, el amor está junto fuera, buscando el motivo de entrar". Y en las páginas de esta autobiografía se puede leer: "He escrito sobre el amor de forma obsesiva, casi forense".
Es más, la primera novela de Jeannette Winterson, Fruta prohibida, publicada cuando apenas tenía veinticuatro años, ganadora del premio Whitbread y adaptada en cuatro capítulos para la cadena televisiva BBC en 1990, es "bastante autobiográfica", en palabras de su autora. De hecho, se trata de la historia de una chica llamada Jeanette, hija adoptiva de los evangelistas pentecostales en Accrington, que no reaccionan precisamente bien cuando ella, educada para ser misionera y evangelizar al mundo, se enamora de otra muchacha. Con todos estos antecedentes literarios tan exhibicionistas sobre la vida de la autora, podría parecer redundante una autobiografía. Sin embargo, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? es lo mismo pero no es igual. Desde la primera línea, este libro de memorias evidencia que toda la literatura anterior, todo el humor negro y toda la fantasía de las novelas de Winterson solo disimulaban el horror real de la infancia de la autora y las secuelas y consecuencias que ésta tiene en su vida de adulta. "Cuando mi madre se enfadaba conmigo, algo que sucedía con frecuencia, decía: El demonio nos llevó a la cuna equivocada", así comienza esta autobiografía y, en este caso, no procede de la imaginación de su protagonista. Ella misma explica en las páginas de estas memorias que: "Supongo que lo más triste para mí, pensando en la versión de presentación que es Fruta prohibida, es que escribí una historia con la cual podría convivir. La otra era demasiado dolorosa. No podía sobrevivir a ella".  
¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? es la respuesta que esa madre adoptiva, obsesionada con el Apocalipsis y que guardaba un revólver en el cajón del plumero, le dio a Winterson cuando ésta le explicó, con 16 años, que estaba enamorada de otra muchacha porque le hacía feliz. Un título que refleja todo el dolor que la autora aún conserva y el profundo desencuentro entre los deseos, los principios y las razones de vida de madre e hija. Si las cosas estaban mal en el mundo de ficción de Winterson, la realidad es peor, mucho peor. Un título sin embargo, muy provocador en estos tiempos donde los recortes han llegado hasta al derecho a soñar y especialmente, al derecho a soñar con ser feliz. Winterson no se resigna ante esa respuesta y en estas memorias, la Virginia Woolf del siglo XXI -como ha sido calificada la autora tantas veces-, relata cómo supera la infancia, la adolescencia retratada en Fruta prohibida, y cómo se adentra hasta su edad adulta, hasta la experiencia de rozar la locura, la voluntad de superarla, la valentía y determinación para encontrar a su madre biológica, la honestidad de explicar y reflexionar sobre sus errores y, para alegría de sus lectores, de jugar con las partes más significativas de sus novelas y los recovecos de sus personajes.
En estas páginas de memorias, Winterson reflexiona sobre la marca que ha dejado en su carácter ese Manchester natal: "Es un paisaje de pocas palabras, taciturno, reacio. No tiene una belleza fácil. Pero tiene belleza", y también sobre cuestiones poco escritas desde la vivencia personal, como la explicación del éxito de Margaret Thatcher y por qué podía interesar a una joven de clase obrera como ella. También relata su determinación para ingresar en Oxford y lo que la universidad significó en su vida o la intensa relación que para Winterson existe entre poesía y política: "... cuando la gente dice que la poesía es un lujo, o una opción, o para las clases medias cultas, o que no se debería leer en el colegio porque es irrelevante, o cualquiera de esas extrañas tonterías que se dicen sobre la poesía y el lugar que ocupa en nuestras vidas, sospecho que a la gente que las dice le ha ido bastante bien. Una vida dura necesita un lenguaje duro, y eso es la poesía. No es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar". Y luego, la Winterson valiente se atreve a saltarse 25 años de su biografía para adentrarse en una etapa oscura, muy oscura, que comienza con un intento de suicidio en 2008 y la dificultad para encontrar la salida.
Siempre hemos sabido que Jeannette Winterson no era una escritora. Cualquiera de sus lectores, de sus lectoras, sabe que ella misma es literatura. Que está "obligada" a escribir. Ahora ya sabemos por qué.  "Quien tenga una cama individual, tamaño estándar, y una colección de novelas de bolsillo, tamaño estándar, sabrá que se pueden acomodar setenta y dos libros por capa debajo del colchón. Gradualmente, mi cama comenzó a ganar altura de forma ostensible, como en La princesa y el guisante, de modo que no tardaría en dormir más cerca del techo que del suelo". Era bastante obvio que esa madre obsesiva lo descubriría y también estaba claro el desenlace: una auténtica hoguera que acabó con ese tesoro escondido debajo del colchón. Un fuego represivo y liberador al mismo tiempo porque fue el detonante de dos decisiones de la Winterson adolescente. La primera, la convicción de que solo lo que está en el interior de una misma está a salvo, así que comenzó a memorizar los textos que leía en la biblioteca. La segunda, que había algo más que ella podía hacer, podía escribir. 
En definitiva, este libro es la historia de una vida de trabajo para encontrar la felicidad. Es un libro lleno de historias: acerca de una chica a la que cerraban la puerta de su casa, y estaba obligada a sentarse en la calle toda la noche; una muchacha que ha crecido en una ciudad industrial del norte de Inglaterra ahora irreconocible; que ha sido parte de una comunidad, hoy desaparecida...  Es la historia de cómo el pasado doloroso que Jeanette Winterson pensó olvidado (puesto que lo había escrito en su primera novela) volvió a rondar su vida de adulta y la envió en un viaje a la locura y, otra vez, en busca de su verdadera madre. Es también un libro sobre historias de otras personas que muestran cómo la ficción y la poesía pueden formar una cadena de luces guía hasta convertirse en un salvavidas al que agarrarse cuando nos estamos hundiendo. Es la historia de una búsqueda infatigable de un lugar al que pertenecer, de un amor, de una identidad, de una casa y de una madre.
Unas memorias duras repletas de sentido del humor, de reflexiones sobre las verdades ineludibles de la vida y las frivolidades que en ocasiones la rodean. Literatura sobre literatura. Una autobiografía que bien podría ser una novela por su calidad literaria, por la complejidad de sus personajes, por la intensidad de sus historias, por lo delgadísima que se muestra la línea entre lo verosímil y lo increíble. Una novela de Winterson, claro. Una autobiografía que muestra al mismo tiempo, vida y obra: "Eso explica por qué escribo como escribo y cómo escribo como escribo. No es un método; soy yo".
1
La cuna equivocada
Cuando mi madre se enfadaba conmigo, algo que sucedía con frecuencia, decía: «El Demonio nos llevó a la cuna equivocada».
  
   La imagen de Satanás aparcando por un rato la Guerra Fría y el macartismo para visitar Manchester en 1960 -propósito de la visita: engañar a la señora Winterson- es de una comicidad extravagante. Mi madre era una depresiva extravagante; una mujer que guardaba un revólver en el cajón de los trapos, y las balas en una lata de abrillantador. Una mujer que permanecía toda la noche en vela preparando tartas para no tener que dormir en la misma cama que mi padre. Una mujer con prolapso, problemas de tiroides, insuficiencias cardiacas, una pierna ulcerada que nunca sanaba y dos juegos de dentaduras postizas: una mate para ponerse a diario y otra perlada para las «ocasiones».
   Desconozco por qué no quiso/no pudo tener hijos. Solo sé que me adoptó porque quería una amiga (no tenía ninguna), y porque fui para ella como una bengala lanzada al mundo -un modo de decir que ella estaba ahí-, una especie de X en el mapa.
 La novelista inglesa Jeanette Winterson, quien nació en Manchester el 27 de Agosto de 1959, creció en el seno de una familia de obreros pertenecientes a una iglesia pentecostal que le brindó las herramientas necesarias para que ella pudiera predicar.
 Sin embargo, estos deseos nunca llegaron a concretarse ya que, con sólo quince años de vida y motivada por los cuestionamientos que generó en su entorno su elección sexual, Winterson decidió romper el vínculo familiar y abandonar el hogar materno.
Si bien esta decisión la obligó a ganarse la vida desde muy joven, Jeanette nunca dejó que sus actividades laborales la alejaran del ámbito educativo. Así fue, entonces, que esta mujer que repartió helados a bordo de una camioneta, se desempeñó como asistente en una funeraria y trabajó en un hospital mental como empleada llegó a estudiar inglés en el St. Catherine´s College de la Universidad de Oxford.
Tras sumar experiencia en diversos rubros, Jeanette comenzaría a descubrir su afición por el mundo de las letras a partir de su incorporación al Roundhouse Theatre de Londres y, tiempo después, a un sello editorial.
Convencida de asumir el desafío de convertirse en escritora, la joven debutó en 1985 como novelista a través de "Fruta prohibida", una obra de perfil autobiográfico que, en la década del “90 fue llevada con gran éxito a la pantalla chica.
Durante los años siguientes, la producción literaria de Jeanette Winterson, quien además de publicar libros colabora con frecuencia con diversas publicaciones de su país (entre las que se pueden mencionar a "The Times" y a "The Guardian"), se vería ampliada con títulos como "Paseo para principiantes", "La pasión", "Espejismos", "Escrito en el cuerpo" y "Arte", entre otros.


Otros libros de Jeanette Winterson que puedes encontrar en AlondraLLibres:


                                                              "LA NIÑA DEL FARO"

                                                                
                                                                    "LA PASIÓN"

 

 "ESPEJISMO"                                                                                                            

                                                                                                          
  "ESCRITO EN EL CUERPO"                                                       
                        




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